Viviendo en el tercer día

Lo que sucede cuando las mujeres se agencian

Reflexiones en base a S. Juan 2: 1-11

El evangelista Juan escribe su evangelio a fines del siglo I y en él da mucha participación a las mujeres, a tal punto de presentar a María de Magdala como la primera apóstol de Cristo1. En el capítulo dos de su evangelio podemos ver acerca del poder que tienen las mujeres, en este caso María la madre-discípula de Jesús,  cuando se determinan a cambiar situaciones adversas, situaciones que “apagan la fiesta” de la vida e  imponen el clima de la desesperación y de dolor.

Juan nos hace el llamado a vivir en el tercer día, lo que significa- siendo fieles a nuestra tradición cristiana- vivir en la experiencia de la resurrección, en la experiencia de la vida nueva, verdadera y plena que Dios tiene para cada uno de sus hijos e hijas. Vivir en el tercer día implica que vivimos la vida transformada y empoderada por el Espíritu, en lo nuevo de Dios y lejos de todo aquello que tiene apariencia de útil pero que en realidad, ata, limita y esclaviza a la creación de Dios2. Así, la vida en el tercer día constituye lo central del mensaje y la vivencia cristiana, es la que todo seguidor y seguidora de Cristo puede y debe experimentar.

María, Jesús y sus discípulos se encuentran invitados a una boda en Caná de Galilea, tal vez la de algún familiar cercano (vv. 1,2). Jesús y sus discípulos como varones habrán estado disfrutando la boda (cuya celebración duraba una semana), bailando y bebiendo, conversando con familiares y amigos, comiendo y disfrutando de la camaradería, ignorando todo lo que pudiera estar pasando en otros ambientes de este lugar de celebración. Pero María, como mujer, se encuentra atenta a lo que ocurre no sólo en el salón de baile, sino detrás de todo aquél espectáculo social: El vino, lo más importante de toda celebración antigua, se había acabado. Juan presenta este “acabarse” como el fin del estado de fiesta y gozo que dominaba en Caná, pues el vino alegra el corazón del hombre (Salmo 104:15).

Atentas a los acontecimientos
María estaba atenta -“mosca” como diríamos también- y esto representa la primera acción que las mujeres realizan para transformar situaciones adversas en signos de la resurrección mesiánica. Son las mujeres las que poseen más atención que el varón (ellas están más atentas a lo que les ocurre a los hijos en el colegio, a lo que ocurre en el hogar, en la economía familiar, etc.). Son ellas las que con ese sexto sentido3 que Dios les dio, perciben más fácilmente las situaciones que requieren de una transformación inmediata y luchan con todas sus fuerzas por ella. La actitud de María nos interpela: ¿Estamos prestando atención a lo que ocurre a nuestro alrededor?

La acción de las mujeres atentas: El poder de la agencia
“Entonces María le dijo a Jesús: Ya no tienen vino” (v.3). Aquí está la acción de una discípula4 que entendió su rol activo en el plan de Dios. La búsqueda de soluciones y transformaciones está en el corazón de aquéllas que siguen a Jesús y quieren que no se acabe el estado festivo y lleno de gozo que el tercer día nos brinda. Y a pesar de la respuesta negativa que pueden tener en un principio: “Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? Aún no ha llegado mi momento” (v. 4), ellas saben que van a lograr lo que se proponen: “Entonces María les dijo a los sirvientes: Hagan todo lo que Jesús les diga” (v.5). Es que cuando las mujeres amplían su agencia (en este caso, María con los sirvientes) y no se conforman con respuestas mediocres adquieren una perseverancia dinámica cargada de rebeldía inconformista, crítica y de una actitud básica de confianza activa5.

La agencia no permite que una sola persona lleve la carga, sino que busca ampliar el número de quienes serán agentes activos de cambio, gracias a que han identificado sus capacidades y los han puesto al servicio el restablecimiento del estado de fiesta y celebración que Dios diseñó para el género humano. Esta actitud de María y los sirvientes fue la provocó el milagro efectuado por Jesús. Necesitamos, como María, decirle a los que tienen el poder: “¡Muévete y has algo!”. Fue la agencia de Moisés y Aarón la que le dijo a faraón que el tiempo había llegado para la liberación del pueblo israelita. Nuestras capacidades, agenciadas, pueden lograr mover a los que poseen el poder.

La transformación: de agua a vino
Jesús realiza el milagro y en humildad pide que se lleve el vino al maestro de ceremonias (2:6-8). La transformación se produjo. El agua purificadora ha sido hecha vino que alegra y que perpetúa la fiesta. Siguiendo el sentido del evangelio, pareciera que Juan nos dijera: “El agua para los ritos de la purificación judía (v.6) no sirven, lo verdadero e importante es el vino que procede del Mesías” 6. Démonos cuenta que este vino fue puesto en tinajas de piedra (estas tinajas no contraían impureza, según Maimónides) y que después del milagro se ordenó sacarla de allí para ser usada. El hecho que el agua se haya transformado en vino nos dice algo: Necesitamos ser agentes de transformación: Transformar todo aquello que está en las personas y que no contribuye a la realización de los planes divinos (como el agua de la purificación judía), transformarlo en vino, lo que significa transformarlo en capacidades nuevas, actitudes emprendedoras, compromiso con el cambio, mentalidad de lo nuevo, de fiesta.

Esta transformación, la que se produce primero en las personas, es la que debe preceder a la transformación de la sociedad y de las iglesias. Nada cambiará si primero no cambian las personas, y es la agencia, como lo habíamos mencionado, la que produce este milagro de transformación. Creo firmemente, que las mujeres han sido llamadas por Dios para provocar transformaciones, revoluciones y ejecuciones de planes y proyectos que resucitarán y transformarán al mundo, lo vestirán de fiesta y… lo harán vivir en la plenitud del tercer día.

Para finalizar, Juan nos hace saber que fueron los sirvientes los primeros testigos del acontecimiento, aparte de ser ellos parte de él, y es que así siempre ha ocurrido en los planes y actividades divinos7. No debemos olvidarnos de ellos, no debemos hacerlos a un lado, pues a los de “abajo” Dios los ha escogido y por ello no hay que hacer excepciones (Santiago 2:1-5).

 

Ps. Pedro M. López Castillo

Reflexión a raíz del taller: Mujeres y Derechos, perspectiva Bíblica del Programa de Teología y Pastoral Social
facilitado por Mag. Glafira Jimenez

 

Notas

1Si tomamos en cuenta que los requisitos de este ministerio fueron: Haber estado con Jesús en su ministerio terrenal, haberlo visto después de su resurrección y haber recibido el mandato de ir a anunciar que él está vivo. Pues bien, María de Magdala cumplió estos requisitos.

2Una de las características de este evangelio es su completa oposición a todo lo tradicional y legalista de la religión judía, Juan se encarga de contrastar la vida nueva del Espíritu con la vida antigua presa de la Ley y sus reglas que matan (1:17) presentando, por ejemplo: Un nuevo bautismo (1:26), un nuevo tipo de vino y un nuevo templo (2:8-10, 21), un nuevo nacimiento (3:3, una nueva agua (4:13,14), un nuevo pan (6:35), etc.

3Es este sexto sentido, según las mujeres, las que le permiten intuir cosas sin necesidad de investigar, es un “estar atentas” o como dirían los jóvenes: “estar en todas”.

4 Es evidente que aquí María se dirige a Jesús, no como madre sino como discípula. Como madre ella le hubiera ordenado hacer algo y él no le hubiera respondido como le respondió; pero como discípula María le presenta una  situación negativa como lo harían posteriormente sus otros discípulos, solamente que ella se atreve a dar un paso de fe y confiar en que Jesús hará algo, por eso sus palabras a los sirvientes.

5 Pilar de Miguel, Espiritualidad y fortaleza femenina, p. 83. Desclée De Brouwer S.A. Bilbao, 2006.

6 Juan utiliza el agua en su evangelio para contrastar la pobreza de la economía antigua (judía), con su purificación meramente ritual (1:26; 3:5; 4:10; 7:38) con la verdadera bebida, aquélla que sí genera limpieza, vida y gozo: el vino (1:29; 6:53). Como dijo Bultmann: “el agua significa todo lo que sustituye a la revelación, todo lo que ayuda al hombre a pensar que puede vivir, y lo que sin embargo, le falla cuando se lo pone a prueba”.

7 Lo mismo ocurrió en el nacimiento de Jesús, en el cual fueron los pastores los testigos del acontecimiento (S. Lucas 2:8-17).

 

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