Vivir la ciudadanía

El 5 de octubre próximo  se realizarán las elecciones regionales y municipales, en todo el país, en las que los ciudadanos peruanos elegirán 25 gobiernos regionales, 195 gobiernos provinciales y 1,639 gobiernos distritales. Este es un proceso en el que, en el marco de la democracia, más de 20 millones de peruanos y peruanas emitirán su voto, como ejercicio de su prerrogativa ciudadana. Como está establecido en la constitución del país, este ejercicio ciudadano es un derecho y un deber.

Los cristianos evangélicos también irán a las urnas para emitir su voto y de esa manera participarán en la decisión sobre quienes conducirán los gobiernos sub nacionales en el país por los siguientes cuatro años.

Ciudadanos y ciudadanas del mundo

Este hecho nos permite resaltar, en primer lugar,  una dimensión de la vida social y pública de los cristianos evangélicos que en muchas ocasiones, por la cultura, la predicación y la pastoral evangélicas, no fue suficientemente explicada en las iglesias: Somos ciudadanos y ciudadanas del mundo. Y como tal, también responsables de los procesos y situaciones que se dan en la vida pública del país. Frente a estos, podemos dar cuenta de dos posiciones.

En contrario a esta afirmación con frecuencia se ha enseñado que los cristianos y cristianas no se involucran en los negocios del mundo y se ha mantenido la idea de la asepsia social, o como otros han escrito, el estado de huelga social. Por estos conceptos y creencias muy generalizadas en las iglesias y comunidades de fe,  se han fomentado actitudes de rechazo a la participación de los miembros de las iglesias evangélicas en la vida social y pública. Al menos, hasta hace muy poco tiempo – y todavía en algunos sectores – lo social, lo político, lo público en todos sus aspectos y dimensiones, no son campo de la acción evangélica, ni – en extremos – cristianas.

Por otro lado, actualmente, también podemos señalar que en muchos y diversos sectores de las iglesias evangélicas estas creencias y actitudes ya están siendo superadas. Se puede constatar que han comenzado a darse señales de una conversión social y política, que permiten mejorar la presencia e imagen ciudadana de los evangélicos en el país. Este giro en la práctica evangélica está logrando apartarla del ostracismo en el que se mantuvo por mucho tiempo; sin embargo, al mismo tiempo, trae consigo el riesgo de una presencia y participación confusa e incierta, porque de la marginación y el ostracismo, han salido a la conquista del espacio público, como actores políticos, para intentar capturar poder.

El hecho fundamental es que cada vez se dan las condiciones y la necesidad para que en las iglesias evangélicas se dé atención a la reflexión, análisis y formación ciudadana, para superar los prejuicios y vacíos sobre la participación pública evangélica que todavía persisten. Y, por otro lado, promover una comprensión adecuada sobre el ejercicio y la construcción de la ciudadanía, para aportar al desarrollo social y la política desde una perspectiva de la fe.

Viviendo la ciudadanía

De cara a las próximas elecciones podemos colocar algunos temas y reflexiones sobre cómo los cristianos tenemos que vivir nuestra ciudadanía.

a)      En primer lugar, partir de una comprensión de la ciudadanía que nos permita nuestra identidad con la comunidad social y política a la que pertenecemos. En este sentido, ser cristianos o cristianas, que nos identifica en nuestra fe, no implica una sustitución a nuestra identidad social y cultural, ciudadana. La fe nos permite nuestra filiación y pertenencia a la iglesia;  la ciudadanía, nos remite a nuestra pertenencia a la ciudad, el distrito. La consecuencia de esto es que las elecciones de autoridades son un acto civil, político, no religioso.

b)       En segundo lugar, partir de una concepción de la política, de lo que es conveniente para que nuestra ciudad se desarrolle y sea el lugar adecuado para que sus integrantes vivan bien, con mejores condiciones para que  se desarrollen plenamente. Lo que es y esperamos que sea nuestra ciudad no tiene que ser modelado por nuestra vivencia como iglesia. La iglesia y la ciudad son dos instituciones diferentes y autónomas, y se gobiernan de manera propia. La política vista así es la gestión de la vida social y la convivencia pública, como tarea de los que administran el Estado, la ciudad.

c)       En tercer lugar, los evangélicos y evangélicas, debemos prepararnos para hacer presencia pública e incidir, en las elecciones de las autoridades regionales y locales, así como para participar en los procesos ciudadanos y para realizar la vigilancia ciudadana que ocurren en nuestra ciudad. Desde esta perspectiva, los evangélicos y evangélicas tienen que vivir y comprometerse con su ciudadanía en la vida cotidiana (Jeremías 29,4-7). Una tarea, como responsabilidad cristiana, que tienen los evangélicos y evangélicas es incidir en la ética pública, la ética civil.

Participar como ciudadanos y ciudadanas

Para las próximas elecciones, los evangélicos y evangélicas, tienen su preferencia y opción definidas, o están en proceso de definirlas. Su actitud debe orientarse inspirada en su fe y sus valores. De esta manera, lo ideal es que como ciudadano y ciudadana, en la ciudad o distrito al que pertenece, conozca a los candidatos, sus propuestas y capacidades; que vote responsablemente. Esto significa, que se informe, discierna, y emita su voto como ciudadano y ciudadana: “buscando el desarrollo de la ciudad en la que viven, porque en el desarrollo de la ciudad, tendrán la posibilidad de desarrollarse ellos mismos”.

Rafael Goto Silva

 

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