Análisis de Coyuntura

Análisis Coyuntural – 29 de Agosto

Resumen del dialogo sobre el Balance y Perspectiva del Gobierno Actual con Rolando Pérez

A dos años del gobierno actual, es un momento interesante de reflexionar sobre el balance que se puede hacer después de este tiempo y al mismo tiempo, mirar hacia el futuro y las perspectivas que trae el gobierno para los próximos años.

Todavía el Perú se encuentra en una transición hacía una democracia y todavía hay un desencuentro entre el Estado y la Sociedad Civil. El Estado no logra atender a la necesidad de la gente, y esta brecha es la esencia de las protestas que se han dado últimamente.

La huelga médica refleja la incapacidad del gobierno actual de cumplir los acuerdos y atender las necesidades. Por lo tanto, no es sorprendente la desaprobación que empieza a tener el presidente. El perdió la confianza de la base social que le llevo al poder. Su declaración que ´no gobierna para las encuestas´ expresa el poco aprecio que tiene para escuchar a la población. Esto se ha visto también en gobiernos anteriores, pero justamente Ollanta llega al poder con el discurso de escuchar la población y trabajar por la inclusión social. Al no hacerlo, se crea más desconfianza aún. Las inversiones en políticas publicas sociales, en educación en salud, aunque si han aumentado un poco, todavía representan porcentajes mínimas del PIB y del gasto público. Por más que se dice estar trabajando en la inclusión social, esta inclusión sólo existe en papel y todavía no en la práctica.

El modelo económico sigue siendo lo mismo de los anteriores gobiernos, y aunque se habla de la clase media que ha surgido en la realidad las brechas son cada vez más grandes. La clase media está formada a base de tarjetas de crédito y deudas, lo cual no es sostenible a largo plazo. Son los empresarios, que temían a Ollanta, que ahora aplaudan su discurso. Surge la pregunta, ¿cuánto daño puede hacer la mala política a una buena economía? La respuesta es: mucho. Si la política no maneja adecuadamente la conflictividad social se desaprovecha el crecimiento económico, hace crecer las brechas en vez de acortarlas. No se trata de cambiar por completo el modelo, pero si hacerlo inclusivo. Lo que hace falta es administrar bien los recursos, hay dinero, pero se está administrando tan mal que el dinero no llega a donde tiene que llegar.

El país sufre de una crisis de institucionalidad. La gente ya no confía en las instituciones y una democracia sin instituciones es una democracia débil. No son las instituciones que gobiernan, pero las familias. Esto no solo pasa al nivel más alto, pero a todos los niveles. Son las mismas caras que se encuentra en las posiciones de decisión, mismo así si no tienen capacidad ni experiencia para estos puestos. Es un riesgo enorme que las instituciones y las políticas no están respaldadas por las bases y aumenta la brecha entre la sociedad y el gobierno.

Por otro lado, es interesante reflexionar sobre el rol de la primera dama en el país. Nadine ha sido criticada y adorada por su presencia activa. Históricamente la primera dama ocupaba un lugar más decorativo, sin embargo, Nadine creó un imaginario interesante: las mujeres no son decorativas, pero piensan y tiene capacidad política. También aprovecha a llenar, con sus capacidades y su carisma, las vacías que deja su esposo, por ejemplo en sus capacidades comunicativas. El problema es que esto pasa en una situación de debilidad institucional, el imaginario de la pareja que gobierna no fortalece la institucionalidad del Estado.

Toda esto está generando una  inconformidad que se vio claramente reflejada durante las últimas protestas. Tener la gente en la calle mientras el presidente daba su mensaje a la nación el 28 de Julio ha sido un ejemplo claro del desencuentro entre el Estado y la sociedad.

Son jóvenes que se levantan, que se indignan, lo cual da esperanza, sin embargo es preocupante que son jóvenes poco organizados. No está siendo canalizada la demanda de ellos, porque no está institucionalizada. ¿Quién puede canalizar esto? Ahora nos queda la tarea de fortalecer las capacidades de estos jóvenes y apoyarlos en canalizar la indignación hacia propuestas concretas y políticas públicas. También para que van viendo la política como algo más amplio que solo candidatear y llegar al poder.

Lamentablemente el poder no está visto como servir a la gente, pero está visto para hacer cosas para uno mismo. Existe la capacidad de llegar al poder, pero estando ahí, nos falta la capacidad de gestión. Al final es una cuestión de ética, lo cual motiva, porque se puede trabajar desde donde estamos. Lo que pasa en la élite política es una reproducción de lo que pasa en la sociedad, toda la corrupción y la lucha por el poder es una fotografía de nosotros mismos. Por lo tanto, para apoyar los jóvenes y aprovechar la energía y la motivación que tienen en este momento de exigir un cambio, también hay que dar un buen ejemplo. No solo se trata de dar un discurso a los jóvenes. Reflexionemos sobre la herencia que les estamos dejando, ya que cada vez estamos repitiendo la misma historia. No hay que tener temor en contarlos cuales fueron nuestros errores. Hay que acercarse al mundo de los jóvenes, entrar en sus formas de comunicación y de ver el mundo y las nuevas ideas y propuestas que surgen de ellos.

En general, el gobierno debe escuchar a la gente, escuchar sus demandas y respetar sus derechos. Algo que todavía no está pasando en este país, y tampoco con este gobierno a pesar de sus promesas de cambio en este aspecto. Es difícil construir comunidad, donde las personas, incluyendo los políticos, comprenden que los derechos de los demás también son importantes para uno. Lo bueno es que todavía la gente se indigna, sería preocupante cuando ya no nos importa la situación del país.

Guardado en Analisis de Coyuntura